24 de diciembre de 2014

Poema

Soledad Adolescente


Y el recuerdo más oscuro:
¡Qué mañanas de tormenta!
Todo pasa en mi cerebro,
Todo lluvia que escarmienta.
Y el silencio que me puede,
Una oscura luz perversa,
Y ese nadie que me escucha,
Solo quiere hablar en prensa.


16 de noviembre de 2014

Carpe Diem

Observo la ciudad bajo mis pies. Respiro. Me columpio a través de la suave y fresca brisa que me peina hacia atrás el flequillo dejándome los ojos al descubierto. Suspendida en el aire, el tiempo se detiene. Estoy harta, hasta aquí hemos llegado. Y es que bajo mis pies contemplo una ciudad presa del tiempo, mientras yo disfruto de la libertad que se me presenta al vivir el momento. Una libertad efímera pero real. Deseable, envidiable, osada, surrealista… y es que, ¿realmente existe?

Y este no parar que te deja sin respiración de centenares de personas. Y este pensamiento liberador. Y este fresco aire que de golpe se respira. ¿Qué es todo eso en este inmenso mundo? Es real. Soy real. ¿Segura? No. No soy más que una pequeña e insignificante gota en este oscuro océano, un grano de arena en este solitario desierto, una nota más de esta infinita melodía…

Tanto si es real como si no lo es, todo depende de nosotros: Carpe Diem.



Irene Martín Raya
                                                                       Irene Martín Raya

2 de noviembre de 2014

Miedos ocultos

Plop, plop, plop... las gotas de agua caían una detrás de otra, sin parar, seguidas, monótonas, constantes. Tenía que arreglar eso, pero siempre me faltaba tiempo, sería cuestión de acostumbrarse, como todo. No me apasionaba demasiado la nueva casa, pero el sueldo de una camarera no daba para mucho más. Apartada de todo, entre el pueblo y el bosque, pequeña, siempre oscura y vieja, era todo lo que me podía permitir. Esperaba que el sonido del agua se fundiera con el silencio penetrante de aquella habitación y se juntara con el tic tac del reloj de pared del pequeño comedor, formando la orquesta de las tinieblas, la que cada día me acompañaba en las horas más largas. Estaba preparada para otra noche de insomnio, con pesadillas, llena de horas pensando cómo había llegado hasta allí, quién era y quién quería ser. Qué era el destino, el karma y la suerte… desde pequeña me preguntaba si las cosas pasaban por alguna razón. El universo me tenía conquistada con su intriga, y el pensamiento de no ser nadie en aquél mundo lleno de secretos me aterrorizaba.

Sentía el silencio en las venas, no me gustaba nada. Ya estaba preparada. Arropada hasta el cuello, esperaba que el sueño me llevara hasta el más allá, en un mundo donde yo lo controlaba todo, donde era libre, donde podía ser feliz. De pronto el agua dejó de sonar, y cuando lo que tenía como ruido molesto pasó a ser un completo silencio sentí que algo iba mal. En toda la casa solo oía los latidos de mi corazón, cada vez más rápidos, y mi respiración entrecortada. Cuanto más intentaba calmarme más nerviosa me ponía. Decidí levantarme, y en realidad no sé muy bien porque, todo lo que quería era fundirme en aquel colchón y desaparecer, pero no, una vez más ignoré lo que deseaba. Me puse las zapatillas y busqué una linterna. Recordaba haberla dejado en el cajón del armario del comedor, así que decidí ir a por ella. Mis pasos bajo la madera eran como terremotos, quería volar como un ángel pero seguía en el mundo real. Era estúpido, no tenía por qué tener miedo solo porque el grifo había dejado de perder agua. Eché un vistazo al comedor antes de entrar. El reloj se había parado, y por un momento pensé que el tiempo se había detenido, que el mundo había dejado todo lo que estaba haciendo y yo me movía con total libertad. Cogí la linterna y me giré lo más rápido posible. Es irónico lo poco que nos gusta estar de espaldas a la oscuridad, al mundo... Entonces lo vi. Había algo distinto. En la mesa había una mancha oscura. No recordaba haber dejado ninguna bola ni nada tan grande encima de la silla. No se movía. Estaba atemorizada, no podía pensar, no podía andar, no podía reaccionar, pero tampoco quería hacerlo. Seguí mis instintos y lancé el jarrón que tenía a mi derecha, pero la sombra lo esquivó. Esperé a ver si reaccionaba, pero seguía allí. Me acerqué y rodeé la mesa. En ese momento se levantó y fue en dirección contraria a la mía. Iba a coger el centro de mesa que tenía, pero él hizo lo mismo. Me agaché y simultáneamente él también. En aquél instante pasó un coche por la calle, y con sus faros iluminó por unos segundos el comedor. Ahora sí que tenía miedo. Vi sus ojos negros, profundos, como un pozo sin fin. El pelo oscuro recogido en una coleta, el pijama a cuadros azules y blancos, y aquella peca en la mejilla derecha que mi madre siempre decía que era especial. Él era yo.

Entonces lo comprendí. Tenía miedo, y no de algo, ni de alguien, sino de la inseguridad, la crueldad, la lujuria, la maldad del alma, aquello que todos llevábamos dentro, aquello que no conocíamos y, a veces, nos controlaba. 

24 de octubre de 2014

Frase

"Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad"
Albert Einstein 


Antes de terminar el curso anterior en la escuela nos propusieron a dos compañeros míos y a mi hacer el discurso de inauguración en septiembre. Cuando recibí la noticia me puse a pensar. No quería que fuera el típico discurso que en la segunda frase ya dejas de escuchar, en el que todo lo que oyes son las mismas frases repetidas una y otra vez. Me propuse hacer un discurso diferente, uno que te diera otro punto de vista, un discurso motivador, que a veces es todo lo que uno necesita para empezar a ver las cosas con cierto entusiasmo. Intenté proyectar una idea  y  hacer que penetrara en cada oyente hasta el punto que se la hicieran suya: este es el mundo en el que vivimos, un mundo que no espera nada de nosotros, pero sin embargo solo nosotros seremos quienes podremos decidir como verlo. Uno en el que solo nosotros podremos cambiar aquello que no nos guste, pero también seremos nosotros quien lo podrá disfrutar.  
Para finalizar el discurso no tenía ninguna idea clara. No me acostumbra a suponer un problema poner finales a las cosas, pero quería que fuera claro y directo, así que decidí concluirlo con esta frase de Albert Einstein. Así, como todo discurso motivador, intenté crear una emoción, una inspiración, unas ganas de actuar, o de pensar... en realidad daba igual, ya estaba hecho, y aunque en unos más que en otros, algo en la cabeza seguiría sonando en los próximos minutos, días o, con éxito, incluso meses...
Y la frase sigue en mi pensamiento, porque muchas veces, la voluntad es quien nos mueve, pero en otras, somos nosotros quien tenemos que encontrarla. 

23 de octubre de 2014

Crítica Cultural

El Juego del Ángel
Autor: Carlos Ruiz Zafón
Editorial: Planeta
Género: Misterio
Año de impresión: 2008

El Juego de Ángel es el segundo libro de la trilogía que empieza con La Sombra del Viento y termina con El Prisionero del Cielo. Carlos Ruiz Zafón demuestra una vez más el talento que tiene para narrar historias y generar esa intriga que te impide parar de leer.

En esta historia, Zafón nos revive a la Barcelona de 1920, donde un joven escritor recibe una oferta para escribir un libro como nunca antes visto, con una recompensa de dinero muy importante, pero que quizás requerirá algo más que un papel y unas cuantas ideas. Enamorado de una chica imposible, el joven decide intentar hacer el libro que su jefe espera, investigando y dejándose llevar por la magia de los secretos y la curiosidad. Pero, ¿qué pasa cuando descubres más de lo que deberías saber? ¿Cuando nada es lo que parece?...

Carlos Ruiz Zafón es uno de los autores más leídos y reconocidos en todo el mundo. Sus obras han sido traducidas a más de cincuenta lenguas y han sido premiadas varias veces y conquistado millones de personas en todo el mundo. Empezó su carrera con  novelas infantiles, pero después de publicar el éxito que fue, y sigue siendo, La sombra del Viento, ha sido reconocido internacionalmente.

No se pueden perder El Juego del Ángel aquellos a quienes les encanta el misterio, un poco de sufrimiento y algo de terror… Si con La Sombra del Viento ya nos dejó boquiabiertos, no es para menos este segundo viaje al Cementerio de los Libros Olvidados.














19 de octubre de 2014

Gotas Reveladoras

Gota a gota, paso a paso, el tiempo iba avanzando. Sentía como el agua caía sobre mí como pequeñas hormigas caminando sobre mi piel. Un cosquilleo tranquilizador, pero a la vez alarmante, me recorría por el cuerpo. El aire frío me cortaba los labios como cuchillos, pero a la vez, era como un beso excitante. Muy contradictorio todo. Aquella luz inquietante, aquella luz gris que se mantiene durante todo el día… aquella luz que hace que las horas no pasen, que los minutos sean eternos. Me gustaban los días de lluvia. En el cole te retienen en las clases, la gente corre por la calle para ponerse a cubierto, la carretera se colapsa porque todos prefieren moverse con el coche… No soy capaz de entenderlo.

Camino por la calle, sola, libre, tranquila. Soy una pequeña lagrima que forma parte de este llanto desconsolado, este que dice que la lluvia es mala, que el dinero lo es todo, que la belleza va descrita por un patrón, este llanto llamado sociedad. Y todos estos pensamientos pasan por mi cabeza mientras piso de lleno un charco y la música retumba por mis oídos. Sin quererlo, siento como una sonrisa se me dibuja en los labios y de repente tengo unas inmensas ganas de chillar, saltar, bailar. Nadie me va a ver, las calles solitarias me acogen como nadie antes lo había hecho. Me doy cuenta que voy empapada, pero lo más importante es que me da igual. Por fin he entendido donde me he metido, donde me ha tocado vivir, pero no voy a caer en esta trampa, no seré una lágrima más, seré la sonrisa contradictoria, el grito luchador, la serena rebelión.



Llego a casa toda mojada y mi madre sorprendida me pregunta porque voy empapada. Me río. No voy a responder. Antes que diga nada más le doy un enorme beso. Parece mentira lo que un día de lluvia te puede cambiar la vida. Ahora soy feliz, ahora sé lo que es, y lo soy de verdad.

4 de octubre de 2014

Inmersión en un nuevo mundo

Quiero hacer un blog. Eso es lo que pasa por mi cabeza des de hace casi un año. Pero eso es todo, querer, se quedaba en una voluntad. Necesitaba un empujón, puede que una obligación como el colegio, o puede que suerte y tiempo… pero ya está hecho, ahora ya no hay marcha atrás.
El nombre, mi primer problema. Quería que fuera corto, pegadizo, significativo, representativo… El viento en palabras. Se me ocurrió una tarde mientras escuchaba música. Le di muchas vueltas, pero me convenció. El viento, suave, agradable brisa de verano, pero a la vez cortante, capaz de hacerte temblar del frío… deseable, odioso, suave, irritante… variado y contradictorio, ¿no creéis? Pero algo parecido como en las palabras. Capaces de hacerte sonreír, agradables, pero también de hacerte llorar, de hacer que te rompas en mil pedazos y que no te quieras levantar. Y así es. Todo depende de como lo digas, como lo escribas, como lo sientas… Y quiero que sea así, las palabras fluyen e influyen como el viento, flotan y pesan, se desvanecen o permanecen. Todo depende de cada uno. Espero que funcione y lo que empezó como una voluntad acabe siendo un hecho con éxito.   
 Bienvenidos a mi nuevo mundo, espero que os guste.