"Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad"
Albert Einstein
Antes de terminar el curso anterior en la escuela nos propusieron a dos compañeros míos y a mi hacer el discurso de inauguración en septiembre. Cuando recibí la noticia me puse a pensar. No quería que fuera el típico discurso que en la segunda frase ya dejas de escuchar, en el que todo lo que oyes son las mismas frases repetidas una y otra vez. Me propuse hacer un discurso diferente, uno que te diera otro punto de vista, un discurso motivador, que a veces es todo lo que uno necesita para empezar a ver las cosas con cierto entusiasmo. Intenté proyectar una idea y hacer que penetrara en cada oyente hasta el punto que se la hicieran suya: este es el mundo en el que vivimos, un mundo que no espera nada de nosotros, pero sin embargo solo nosotros seremos quienes podremos decidir como verlo. Uno en el que solo nosotros podremos cambiar aquello que no nos guste, pero también seremos nosotros quien lo podrá disfrutar.
Para finalizar el discurso no tenía ninguna idea clara. No me acostumbra a suponer un problema poner finales a las cosas, pero quería que fuera claro y directo, así que decidí concluirlo con esta frase de Albert Einstein. Así, como todo discurso motivador, intenté crear una emoción, una inspiración, unas ganas de actuar, o de pensar... en realidad daba igual, ya estaba hecho, y aunque en unos más que en otros, algo en la cabeza seguiría sonando en los próximos minutos, días o, con éxito, incluso meses...
Y la frase sigue en mi pensamiento, porque muchas veces, la voluntad es quien nos mueve, pero en otras, somos nosotros quien tenemos que encontrarla.