8 de octubre de 2015

¿Un sinvivir por tiempo o una vida a momentos?


¿Alguna vez te has preguntado si podríamos vivir sin tiempo? ¿Si seriamos capaces de pasar los días sin números? El despertador de buena mañana, los minutos a la espera del metro que se hacen interminables, el reloj de la oficina cinco minutos adelantado que te delata día tras día, etc…
                                                             
Estoy sentado en mi pupitre aun dormido. Me gusta sentarme en la última hilera de mesas, lo puedes observar todo sin que lo observado se percate de ello. Ahí llega. Todo el mundo lo conoce como el rarito. Deja su mochila en el suelo, en la parte derecha de la mesa, se desata el cordón izquierdo y se lo vuelve a atar. Se sienta, saca la libreta de matemáticas, luego el libro de catalán y finalmente el estuche. Lo vuelve a meter todo en la mochila, se ha equivocado de orden, debe estar nervioso por el examen. Vuelve a sacarlo, esta vez primero el estuche, y luego la libreta de mates y el libro de catalán respectivamente. Le saca punta al lápiz, destapa y vuelve a tapar el bolígrafo, da tres toquecitos en la mesa y finalmente se queda quieto a la espera del reparto de las hojas. El primer día de clase la profesora nos explicó que vendría un niño nuevo. Nos dijo que lo tratáramos muy bien y sin necesidad de decirlo nos avisó que era un poco diferente. Usó la palabra diferente y aun no entiendo porque. Se trata de un TOC, me aclaró mi madre cuando se lo conté. Cada mañana hacía los mismos movimientos y cuando algo o alguien se lo impedía se ponía muy nervioso. Extremadamente nervioso. No necesitaron más de tres días para ponerle motes. Crueles. Así son mis compañeros de clase. Pero yo no. Me limité a observarlo y me aprendí de memoria sus movimientos. Me parecían curiosos, y para mí, pasaron a ser el baile de cada madrugada. Y sin darme cuenta, por algún extraño motivo, yo también pase a necesitar que los hiciera correctamente. Me había acostumbrado, y cuando no los hacía, una rara sensación me invadía, algo no iría bien. Supongo que así se sentía él. Un día, en la hora del descanso, decidí entablar conversación con él. Sin saber porque me pareció conocerlo de toda la vida, y fue entonces cuando lo entendí. Para él, todo eso era necesario. Repetir los mismos movimientos día tras día le hacía sentir que lo tenía todo bajo control, seguro, a salvo. Entonces lo vi. No solo se trataba de él y de su trastorno. Puede que sí, que lo exagerara todo, pero no era más que una representación de los humanos en general. Esa necesidad de tener planeado hasta el último momento del día, esa falsa tranquilidad que genera tener calculado hasta el minuto en el que te irás a dormir, ese vivir para los números que lo único que nos hace es esclavos…


Así lo veo yo. Esos cálculos no hacen más que limitarnos la libertad. Sí, una tranquilidad momentánea, pero una inquietud para cumplir los planes. ¿Y que  pasa cuando no puedes hacer lo que tenías pensado? Entonces todo se desmorona. ¿Y es que para qué perder momentos pensando en lo que haremos dentro de un tiempo…? Ni siquiera podemos saber con exactitud si lo vamos a poder vivir… Y sí, supongo que los humanos necesitamos el tiempo. Y si no existiera este, tendríamos una u otra manera para medirlo, porque al fin y al cabo necesitamos una referencia, algo que nos diga que la vida pasa. ¿Pero porque no la medimos a momentos? Podéis decirme antiguo, cursi, romántico… pero si así lo hiciéramos a lo mejor disfrutaríamos más de aquellos que valen la pena, porque sabríamos lo largo que se hacen los malos tiempos… Supongo que sí, está claro que no podríamos vivir sin números, sin dimensiones, sin minutos, horas y segundos… pero en realidad todo eso lo hemos hecho por el tiempo, porque si hay algo contra lo que no podemos luchar es este. Así que… ¿podríamos tener una vida sin números? En mi opinión, sí, podríamos tener una vida medida a momentos, porque el tiempo no se parará, y al final pasamos la vida pensando en lo que haremos y morimos sin hacer nada. Tú decides.

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