XXI
Párense a escuchar
la batalla alma-razón,
escuchen la melodía
del ejercito del corazón.
Que tu voz,
en el instante constante aprende
que nace y muere en el aire
y en el escalofrío permanece.
Que tu voz,
anclada en mis recuerdos
sobrevive al intenso anhelo
encerrado en el inerte miedo.
Párense a escuchar:
¡Muere y nace al revés!
Y vence la gravedad,
con total libertad.
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